A diferencia de Zapatero, para su primer discurso de campaña, Rajoy eligió Mérida y se desmarcó con una intervención desprovista de carga emocional, mostrando un tono más exultante y de arenga política. El líder del PP se muestra en un escenario abierto, lo cual genera cierta tensión ambiental, despistándose en alguna ocasión, tanto al hablar como en la mirada —algo que también pudo observarse durante su intervención en Madrid dos días después—.
Para ambas ocasiones eligió un entorno paisajístico fresco, visible, algo que también quiso trasmitir a través de la vestimenta. Camisa blanca (abierta incluso hasta el segundo botón en Madrid). No obstante, en Mérida destacó el entorno nocturno, descompensado de luz y, en consecuencia, más deslucido desde el punto de vista audiovisual. Un contraste ambiental entre transparencia, luz y oscuridad, que provoca sensaciones dispares.
miércoles, 11 de mayo de 2011
Zapatero, en el túnel del tiempo
En este primer mitin se ve la clara intención de Zapatero de intervenir en su ciudad natal bajo el traje de presidente del Gobierno de España y, a la vez, de buscar el reencuentro (o posible reconciliación, tanto de él como de su esposa) con la localidad donde adelantó que desea vivir dentro de un año. Cambio de posición de presidente a ciudadano común, con el argumento de un túnel —que dividía la ciudad y que también le separó a él en ocasiones de los suyos— de fondo. Túnel que cruzó psíquica y físicamente, con una visita en la que su propia esposa cuando, tras saludar al alcalde de León con un «¡cuánto tiempo!», éste le responde que «no tienes que justificarte».
martes, 10 de mayo de 2011
lunes, 9 de mayo de 2011
domingo, 8 de mayo de 2011
Tres gigantes de acero: Renzo Piano Jaques Herzog y Glenn Jurcutt, ganadores del preimio Pritzker
JAQUES HERZOG: «Mi objetivo es transmitir emoción»
Este creador y su socio, Pierre de Meuron, forman la pareja más exitosa de la arquitectura actual. Se conocieron cuando solo eran unos niños, con seis años. Al terminar su formación, montaron su propio estudio cerca de su casa, en Basilea (Suiza), y lo llamaron Herzog & De Meuron. Desde él han creado maravillas como el «nido olímpico» de Pekín o el CaixaForum de Madrid.
Este creador y su socio, Pierre de Meuron, forman la pareja más exitosa de la arquitectura actual. Se conocieron cuando solo eran unos niños, con seis años. Al terminar su formación, montaron su propio estudio cerca de su casa, en Basilea (Suiza), y lo llamaron Herzog & De Meuron. Desde él han creado maravillas como el «nido olímpico» de Pekín o el CaixaForum de Madrid.
El don de la obviedad...Por Carmen Posadas
Mi amigo Ramón Buenaventura, que es escritor exquisito, sostiene que hay dos tipos de autores: los que tienen el don de la obviedad y los que carecen de él. Según Ramón, este don es tan banal como útil, pues consiste en decir con gran fanfarria y prosopopeya cosas que el lector ya sabe requetedememoria. Cosas tan interesantes como «lo importante en la vida son los amigos y la familia» o «mi mayor ambición es ser una buena persona» o incluso, obviedad de obviedades, «hay que apostar siempre por la felicidad». Y quien así escribe llega a tener mucho predicamento porque se produce una empatía inmediata con ciertos lectores que se dicen: mira tú, pero si eso es lo mismito que pienso yo, qué persona tan sensible soy y qué gran escritor es este que comulga totalmente conmigo. A otros escritores, en cambio, se les cae la cara de vergüenza antes de escribir topicazos de este tipo porque piensan, primero, que el lector no es tonto y, segundo, que un autor es alguien que está obligado a mirar las cosas desde una óptica diferente, descubrir nuevas verdades, nuevos caminos. Antes, este tipo de escritor era el que más se valoraba, lo que llegó a producir también una cierta perversión. Más o menos hacia mediados del siglo pasado, el afán por ver la realidad desde una óptica diferente propició el encumbramiento de ciertos autores que, a fuerza de decir que veían la realidad con otros ojos, lo que hacían era escribir una serie de absurdos alambicados que no entendía ni su padre. Absurdos que los papanatas intelectuales jaleaban y aplaudían haciéndonos creer que solo mentes exquisitas llegaban a apreciar esos conceptos ininteligibles disfrazados de ideas elevadas. Supongo que esos polvos trajeron estos lodos y todo ello, unido a que la cultura ahora va de la calle a las academias y no al revés, hace que esta se haya desacralizado en exceso. Conste que yo no estoy en contra de la desacralización de la cultura. Es más, soy firme partidaria de bajarla de esa torre de marfil tan alta, tan inaccesible (tan aburrida también) a la que tradicionalmente intentan subirla algunos. Pero una cosa es hacer de la cultura algo interesante y a la vez entretenido y otra muy distinta, abaratarla hasta el punto de que todos acabemos razonando como niños de primaria.
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