Sigo reflexionando sobre el alcance popular de la inminente digitalización de la medicina que he podido vislumbrar en Estados Unidos. La medicina está tan carente de adecuación al mundo moderno como el propio sector educativo.
Mi padre era médico rural de los de antes. La medicina entonces empezaba con pedirle al paciente que sacara la lengua. Era el state of the art. El mismo médico sabía de partos, que aplicaba a los gitanos que deambulaban por el río y a la gente del pueblo a los que el autobús solo llegaba una vez por semana. No había tiempo para ir a dar a luz con un autobús que tardaba tres horas en recorrer 40 kilómetros.
La práctica de la medicina que conocemos es la que habíamos ideado para el mundo antes de la globalización. Es una medicina basada en el tratamiento de las enfermedades. Pero lo que buscamos ahora es una medicina basada en el fomento de la salud y el bienestar.
domingo, 12 de junio de 2011
sábado, 11 de junio de 2011
jueves, 9 de junio de 2011
domingo, 5 de junio de 2011
Mujer tenías que ser... Por Carmen Posadas
Mi cuñado Eloy, que tiene la amabilidad de leer habitualmente estasPequeñas infamias, me hizo el otro día un reproche sobre mi último artículo. Era el titulado El don de la obviedad y en él yo argumentaba que lamentablemente cuando una mujer en un puesto relevante dice una tontería no es lo mismo que cuando la dice un hombre. Eloy sostiene que no, que igual que la verdad es la verdad la diga Agamenón o su porquero, lo mismo ocurre con las memeces, las diga quien las diga. Como creo haberles comentado más de una vez, yo no me considero feminista o, al menos, lo que se entiende por tal. Aun así, creo que a las mujeres nos queda todavía mucho por remar hasta que se solucionen algunas diferencias básicas entre ellos y nosotras. Por ejemplo, esta: nadie juzga al género masculino por la conducta de un solo individuo y, sin embargo, no ocurre lo mismo si se trata de una mujer. Pongamos el caso más típico de todos, la forma de conducir. ¿A quién no se le ha escapado alguna vez un «mujer tenía que ser» al ver a una señora un tanto vacilante intentando aparcar sin éxito o torpeando de alguna manera? Lo mismo ocurre con el caso que enunciaba más arriba. En el mundo de los hombres, si un político suelta una soberana estupidez, nadie dice «qué imbéciles son los hombres». Por la misma regla de tres, da igual, por ejemplo, lo vociferante que se ponga un entrenador de fútbol. Aunque chille como una cacatúa, a nadie se le ocurre decir que los hombres son todos unos histéricos o unas verduleras. Y, si no me creen, imagínense por un momento al señor Mou convertido en señora Mou...
El iceberg del Titanic... Por Arturo Pérez-Reverte
Ayer entré en un bar y no pude tomarme un vermut porque lamáquina registradora no funcionaba. Era un chisme con pantalla táctil y casillas determinadas para cada consumición, y se había estropeado. Le dije al camarero que me dijese cuánto debía, y punto. Como toda la vida. Pero respondió que imposible. Tenía que marcarlo antes. Sus jefes no le dejaban hacer otra cosa; y hasta que la máquina funcionase, no podía servir nada. Así que me fui al bar de enfrente, regentado por una china simpática: un sitio como Dios manda, con moscas, albañiles y borracho de plantilla. La dueña hablaba español con acento entre chino y de Lavapiés. Tomé mi vermut, pagué y dejé propina. Cuando salí a la calle me acordaba del Titanic, que era insumergible, y de los mil y pico gilipollas que se ahogaron en él con cara de asombro, como diciendo: esto no puede pasarme a mí. Cielos. No estaba previsto.
El tiempo de la limosna... Por Juan Manuel de Prada
Han pasado apenas unos días desde la celebración de las elecciones municipales y autonómicas cuando escribo estas líneas, y los acampados de la Puerta del Sol, que acapararon portadas en las fechas inmediatamente anteriores al 22 de mayo, empiezan a ser vistos como una chusma pulgosa y aborrecible. Aquí puede decirse con propiedad que «en el pecado llevan la penitencia»: para combatir el sistema del que abominaban, los acampados quisieron explotar la resonancia y el brillo mediático que el propio sistema les brindaba, aprovechándose de una coyuntura electoral; y como, a la postre, el sistema pasó como una apisonadora sobre su chiringuito, sus reivindicaciones parecen hoy obsoletas y descangalladas, como cachivaches inservibles que recluimos en el desván. En lo que vuelve a demostrarse que el sistema forma una amalgama de poder inexpugnable; y que pretender derribarlo con acampadas es como oponerse al avance de una división Panzer armado con un tirachinas.
Los albondigones de Borja Prado... Por Carlos Herrera
| Para aquellos que no están demasiado familiarizados con lainformación de empresa y capitales, las peripecias de Endesa les traerán a la mente el nombre de Manuel Pizarro, de Acciona, de Enel, los italianos, la venta de acciones y la resistencia a una opa de Gas Natural primero y de los alemanes de E.on después; a los que tienen contratada la electricidad con esa importante marca les sonará el recibo de la luz y a los que oyen y ven publicidad a diario les vendrá a la mente la excelente campaña de Actitud azul con la que ahora se están anunciando en varios medios. A Endesa llegaron los italianos de Enel, sus auténticos propietarios, de la mano de la familia Entrecanales, propietarios de Acciona, que se hizo con un importante paquete de acciones que luego vendió a la eléctrica italiana. Un hombre clave en ese desembarco fue Borja Prado, el presidente de Mediabanca, un importante banco de inversión de hechura también italiana, que, a la sazón, fue nombrado presidente de la eléctrica hace algo más de un año. Su labor consiste, entre otras cosas, en servir de puente institucional entre los transalpinos y las autoridades españolas y, mientras aquellos no quieran dejar de disimular, contarán con sus buenos servicios para llevar bien engrasadas las relaciones con los ejecutivos de la empresa que, en su gran mayoría, siguen siendo españoles. Prado, además de prestar sus servicios en Endesa, sigue trabajando en su banco de su alma: hasta las cuatro o cinco de la tarde con los de la luz y a partir de ahí y hasta medianoche con los de las inversiones. Luego, por lo tanto, come en la empresa, y ahí voy. |
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