jueves, 18 de agosto de 2011

Valdenaza (Cabezarredonda 1.340 m.) -Aranda del Moncayo: 9 de agosto


Esta es una excursión de escasa dificultad pero con grandes vistas, partimos del camino que nos lleva a Calcena, ascendemos una pendiente pronunciada de unos 500 metros, conforme ascendemos vemos al fondo la finca de Valdenaza, utilizada por gente famosa para participar en cacerías en la zona.



Al fondo se puede observar el Moncayo


Corral abandonado, que en tiempo se utilizaba de vivienda y para guardar el ganado y cultivar las fincas anexas.

Embalse de Maidivera al fondo.

jueves, 4 de agosto de 2011

Moncayo: 30 de julio



La ruta elegida para subir el Moncayo fue la senda que parte desde el Santuario del Moncayo a unos 1600 metros de altitud. La imagen esta tomada a primeras horas de la mañana.




Otra foto sacada a primeras horas de la mañana


Imagen del cucharon de San Miguel y al fondo el Moncayo, la ascensión esta marcada y es por la izquierda de la foto.




En la cima del monte de San Miguel al fondo el Moncayo.




Foto tomada en la cima del Moncayo




El cucharon de San Miguel tomado desde lo alto, el camino asciende por la parte derecha de esta foto.

23 de julio: Pesca en el río Gállego


Una muestra de las truchas pescadas en el río Gallego.

Carmen Posadas: Techo de cristal

Hasta ahora me había resistido a hablar de ese dilema femenino que se ha dado en llamar el techo de cristal. Me refiero a la invisible barrera que impide que las mujeres alcancen las metas profesionales para las que están capacitadas. El carácter de invisibilidad, según leo en un texto sobre el tema, «viene dado por el hecho de que no existen leyes, ni dispositivos sociales ni códigos visibles que impongan a las mujeres semejante limitación». Sin embargo, algo ocurre para que, a pesar de que el número de universitarias supera con creces el de universitarios, pese a que las notas de las chicas suelen ser mejores que las de los chicos y están consideradas trabajadoras mejores y más responsables que ellos, a los máximos puestos ejecutivos solo llegue del uno al tres por ciento de las mujeres. Otras cifras son igualmente desalentadoras. Hablan de que la diferencia salarial entre unas y otros es de un diez a un treinta por ciento menor, a pesar de que las mujeres trabajan más que los hombres en casi todos los países. Si, como digo, hasta ahora me había resistido a hablar de esta inquietante cuestión, no es porque me parezca baladí, muy al contrario. La razón es que no estoy de acuerdo con el diagnóstico que hacen las propias mujeres del porqué de este fenómeno. Por lo general suelen atribuir las causas a razones tales como que las estructuras de las empresas son jerárquicas, con hombres ocupando casi todos los puestos y eligiendo, por ende, a otros hombres para trabajar junto a ellos. Hablan también (y esto sí que asombra) de que el hecho de que nosotras seamos más afectivas «puede entrar en contraposición con el mundo masculino, donde los vínculos humanos se caracterizan por la racionalidad y con afectos puestos en juego mediante emociones frías, esto es, menos intensas, más indiferentes». Algo que es tanto como decir que somos unas histéricas y neuróticas en el trabajo.
Me gustan los músicos callejeros, dentro de lo razonable. No pocos recuerdos de ciudades y personas están unidos a la melodía que sonaba en un momento determinado en algún lugar de mi memoria. Algunos de tales momentos son muy hermosos, como el de una noche en la que paseaba por detrás del Panteón, en Roma; y allí mismo, en las sombras, sentada en el peto de piedra de uno de los fosos con restos arqueológicos, encontré a una joven que ejecutaba con violonchelo una música bellísima y triste. Otros recuerdos de esa clase son más vulgares o folklóricos, y hay de todo: simpáticos fulanos, improvisadores oportunistas, caraduras sin la menor idea de música, orgullosos mariachis, virtuosos melancólicos a los que nunca te resistes a dejar algo en el platillo, y gente así. 

Juan Manuel de Prada: De corazón a corazón

En los últimos quince o veinte años, hemos asistido a una expansión inconcebible de las telecomunicaciones; tan inconcebible que, aun quienes la hemos vivido día a día, como una transformación paulatina y cotidiana, experimentamos cierta sensación de vértigo y perplejidad cuando recordamos cómo era nuestra vida hace quince o veinte años, sin teléfono móvil, sin Internet, sin tropecientos canales televisivos. Una persona que hubiese permanecido hibernada durante estos quince o veinte años, o recluida en algún hipotético paraje recóndito del atlas donde tal expansión de las telecomunicaciones no se hubiese hecho notar (si es que tal paraje del atlas existe), pensaría, de regreso a nuestro mundo, que ha sido trasladado a otro planeta, o que se halla bajo los efectos de una sugestión o encantamiento. Y, tras la estupefacción inicial, tal vez llegase a percibir algo que a nosotros nos pasa inadvertido: a saber, que esa expansión de las telecomunicaciones ha discurrido paralela a una reducción o encogimiento de las posibilidades de comunicación estrictamente humanas, según esa ley infalible de la biología que nos enseña que, a medida que aumenta lo automático, decrece lo auténticamente vivo. 

Paulo Coelho: La leyenda personal (II)

¿Qué es la leyenda personal?

-Es tu bendición, el camino que Dios escogió para ti aquí en la Tierra. Siempre que un hombre hace aquello que le entusiasma, es que está siguiendo su leyenda. Pero sucede que no siempre todos tienen el valor de enfrentarse con sus propios sueños.

-¿Por qué razón?

-Existen cuatro obstáculos. El primero: él escucha desde niño quetodo lo que deseó vivir es imposible. Crece con esta idea y, a medida que acumula años, acumula también capas de prejuicios, miedos, culpas. Llega un momento en el que su leyenda personal está tan enterrada en su alma que ya no consigue verla. Pero ella permanece allí.

Si él tiene el valor de desenterrar sus sueños, entonces se enfrenta al segundo obstáculo: el amor. Ya sabe lo que desea hacer, pero piensa que puede herir a los que lo rodean si deja todo para seguir sus sueños. No entiende que el amor es un impulso extra, y no algo que le impide seguir adelante. No entiende que aquellos que realmente lo quieren bien están deseando que él sea feliz y están listos para acompañarlo en esta aventura.