viernes, 14 de octubre de 2011

Circular Peña Tendeñera-Bujaruelo: 13 de Octubre

La Sierra de Tendeñera al fondo a la derecha monte Mondeniero


La sierra de Tendeñera es un macizo calcáreo que se extiende de Oeste a Este, desde el río Gallego, a la altura de la ermita de Sta Elena próxima a Biescas, hasta las inmediaciones de Bujaruelo marcando el límite entre la alta y la media montaña en la zona del Valle de Tena. En esta sierra encontramos entre otras cimas la Peña Sabocos (2757 m), la Peña Forato (2715 m), el Pico de Otal (2709 m) y por supuesto el pico que da nombre a toda la sierra y que es la más elevada de todas ellas, el pico Tendeñera (2853 m).
Nosotros partimos desde Linas de Broto para subir por la cara Sur y bajar por la cara Norte para bajar a Bujaruelo pasando por el valle de Otal.



El valle por el que subimos al fondo esta Linás de Broto, sin itinerario definido.



Al llegar a la parte alta se puede observar un gran contraste de color, el gris y el marrón




Paso a la cara norte de la Sierra


Al frente el pico Vignemale


Al fondo se observa el Monte Perdido


Desde el paso una foto de la Sierra


Preparados para bajar hacia el valle de Otal, a la derecha el Pico Tendeñera



Pico Tendeñera


El valle de Otal, ahora hay que bajar.



Ya estamos en el valle de Otal, al fondo el descenso realizado


El puente de San Nicolás en Bujaruelo

miércoles, 12 de octubre de 2011

Japón estudia regalar 10.000 vuelos a extranjeros para visitar el país



El Ministerio de Turismo de Japón está estudiando la posibilidad de regalar 10.000 vuelos a extranjeros para que visiten el país del sol naciente el próximo año.
La noticia ha corrido como la pólvora, aunque según informa la propia web de la Organización Nacional de Turismo de Japón (JNTO), esta decisión “está sujeta a la aprobación del presupuesto público, y los detalles no se han decidido todavía”.
La estrategia del Ministerio de Turismo de Japón es que los viajeros usen los blogs y las redes sociales para difundir su experiencia en Japón y de este modo atraer a más visitantes al país.

¿Sirve para algo reciclar papel?


La idea que generalmente tiene la gente sobre el reciclaje del papel es la siguiente: voy a comprar papel reciclado para que no se talen tantos bosques, y así contribuiré positivamente con el medio ambiente. Pero ¿esto es cierto? ¿Realmente el reciclaje de papel tiene un impacto menor en el medio ambiente? La respuesta no es tan fácil como parece.
Por ejemplo, si lo que queremos es salvar árboles, el efecto parece ser el opuesto, a juicio de Joseph Heath, profesor de la Universidad de Toronto, y otros analistas. Su razonamiento es el siguiente: hay tantas vacas en el mundo porque la gente come vacas; si la gente dejara de comer menos carne, habría menos vacas, no más. Lo mismo puede aplicarse a los árboles.
Cuando se fabrica papel no se talan “árboles centenarios” sino cultivos industriales, como sucede con el trigo y el maíz. Así que la manera de incrementar el número de árboles plantados es que consumamos más papel, no menos.
La mayor parte del papel que se fabrica actualmente procede de bosques sostenibles. Esto quiere decir, que por cada arbol que se corta, se plantan el doble o más. Países como Suecia, que tiene una de las mayores explotaciones madereras a nivel mundial, consiguen así aumentar su masa forestal a la par que su producción. Y dado que las normativas medioambientales actuales exigen muchas cosas como papel libre de cloratos, producción responsable, etc… resulta que el papel de primera generación puede llegar a ser más respetuoso incluso que el papel reciclado.
Además, si arrojásemos el papel usado a un antiguo pozo de mina, en vez de reciclarlo, estaríamos colaborando, en realidad, con la captura de CO2: sacamos carbón de la atmósfera y lo enterramos en el suelo. Esto es exactamente lo que tenemos que hacer para combatir el calentamiento global. De modo que reciclar papel es malo para el planeta, en numerosos sentidos. Es lógico reciclar aluminio (como sugiere el hecho de que es rentable). Pero ¿por qué reciclar papel?

miércoles, 5 de octubre de 2011

III Ultra trail de Guara

Ultra de Guara, carrera de 95 kilómetros, donde participaron unos cuantos integrantes del Grupo 7:45










Arturo Pérez Reverte: Un muchacho con un libro

Estoy sentado donde suelo hacerlo cuando me encuentro en la plaza Mayor de Madrid, que es la terraza del bar Andaluz. Me gusta instalarme allí con un libro al sol de invierno o a la sombra del verano; y de vez en cuando, levantando la mirada, ver pasar a la gente o conversar con los camareros: dos viejos amigos que, desde su privilegiado observatorio, toman el pulso diario a la condición humana con singular sabiduría y precisión. Estoy allí, como digo, observando a ratos a los habituales que se buscan la vida en la plaza: el acordeonista virtuoso aunque no siempre oportuno, el que hace pompas de jabón, el Spiderman barrigudo que se fotografía con los paseantes. Y observo, una vez más, que la peña resulta agarradísima a la hora de aforar una chapa. Igual dan guiris o de aquí: ven a Bart Simpson en la plaza, se ponen al lado para hacerse una foto, y luego se largan sin dar las gracias ni soltar, por supuesto, una pequeña propina. Dando por sentado, los miserables, que el fulano que pasa todo el día al sol con tres kilos de paño encima está allí por simpatía y amor al arte, para que ellos se hagan fotos sonriendo felices, por la cara.

En una mesa cercana hay un muchacho que lee un libro. Tiene unos diecisiete o dieciocho años, está solo, y llama la atención porque no es frecuente encontrar lectores en este paraje. Está concentrado en las páginas, y de vez en cuando cierra el libro y se queda mirando la plaza sin verla, con la expresión de quien permanece ajeno a cuanto ocurre ante sus ojos. Con esa mirada ausente que todo lector conoce como propia: la de quien se detiene en el acto de leer pero no interrumpe la lectura, sino que sigue inmerso en las imágenes o las ideas que el libro suscita. Uno de los camareros pasa por mi lado y sonríe dirigiéndole una mirada de simpatía al muchacho, como si dijera: ahí tiene usted a un potencial cliente, o por lo menos a un colega devorador de letra impresa. 

Juan Manuel de Prada: Dinero de mentira

Se anuncia que varios bancos centrales (que son los que hacen girar la manivela de la máquina de estampillar billetes), en acción concertada, van a «inyectar liquidez» a los bancos comerciales para facilitar su financiación hasta fines de año. Por supuesto, el anuncio ha sido acogido con alborozo por las principales bolsas del mundo, que han sacado pecho siquiera por un día (con esa fatuidad irrisoria con que saca pecho el tuberculoso terminal), y celebrado por los medios de adoctrinamiento de masas, encargados de mantener cretinizada a la gente mientras la expolian. Cuando, dentro de un siglo, se estudie el hundimiento del capitalismo financiero, los historiadores se llevarán las manos a la cabeza, horrorizados de que tanta gente se dejase embaucar, llevada al matadero de la mano por sus mismos verdugos, en quienes llegó a ver a sus salvadores. Para explicar un suicidio colectivo de tal magnitud hace falta una explicación de índole sobrenatural; y tal explicación nos la brinda el Apocalipsis cuando narra la caída de la gran Babilonia (tan semejante, por cierto, a la caída del capitalismo financiero): «Del vino del furor de su prostitución bebieron todas las naciones». El vino de prostitución del que todos hemos bebido durante los últimos años es la adoración de Mammón; o, como explicaba el filósofo Santayana, la creación de una «niebla de las finanzas vagabunda, nominal, inmaterial, que mañana puede destruirse y desvanecerse como un sueño». Azuzando nuestra avaricia, los sacerdotes de Babilonia nos hicieron creer que el dinero podía procrear como un conejo; y que, si les confiábamos ese conejo, nos premiarían con algunos hijos de su innumerable prole, aunque fueran los hijos más canijos (mientras ellos se reservaban los más orondos). El mañana que profetizaba Santayana ya ha llegado: lloran y hacen duelo los reyes de la tierra –los politiquillos de la Unión Europea, el falso mesías negro de Yanquilandia– que con ella fornicaron y se dieron al lujo; lloran y hacen duelo los mercaderes –plutócratas– que se enriquecieron con el poder de su opulencia; y lloramos nosotros, pobre gente cretinizada, porque vemos desvanecerse ese sueño.