La receta de la Coca Cola , guardada celosamente
por los propietarios de la empresa durante 125 años, ha
dejado de ser un misterio, según una página web que afirma
haber descubierto los ingredientes en una página olvidada de periódico.
lunes, 28 de febrero de 2011
domingo, 27 de febrero de 2011
Otra vez ganan los malos... Por Arturo Pérez-Reverte
Al principio creí que era simple estupidez; pero rectifico. Esprepotencia, vileza y mala leche. Es la imbecilidad de unos pocos visionarios analfabetos, aceptada con entusiasmo formal por los clientes y en silencio cómplice por los cobardes. Como se veía venir, aquel artículo 22 bis de la ley 56/2003, creado a partir del artículo 5 de la ley de Igualdad, ha conseguido el sueño perfecto de todo gobernante totalitario: reprimir hasta el uso de la lengua hablada y escrita cuando no se ajusta a su concepción del mundo, por muy limitada, inculta o cantamañanas que ésta sea. Rebajar por decreto, imponiendo el uso irracional de la fuerza del Estado, la libertad y dignidad del idioma español hasta el triste nivel de su propia estupidez. De su mezquino oportunismo político.
El amor tiene a veces tan mal gusto...Por Carmen Posadas
Como saben, una de las cosas que más me divierten es coleccionar muletillas. Frases de esas que la gente repite y que, por lo visto, nadie se toma la molestia de cavilar, no ya si son verdad o no, sino la mera posibilidad de que puedan ser una soberana estupidez. Pongamos, por ejemplo, esta: «En el amor solo escucho a mi ser interior, voy donde el corazón me lleve».
sábado, 26 de febrero de 2011
viernes, 25 de febrero de 2011
lunes, 21 de febrero de 2011
Hablar con extraños: un curioso "striptease". Por Carmen Posadas
En estos meses en que me he dedicado a viajar más de la cuenta,por la promoción de mi
novela, he tenido la oportunidad de revivir un fenómeno que ya había
experimentado de joven. Entonces, cuando era más panoli y aún no había
aprendido a decir que no (creo que aún no he aprendido del todo, pero, en fin,
a lo que vamos), entonces, digo, era víctima frecuente de lo que podríamos
llamar «el síndrome del pasajero de al lado». Seguro que ustedes también lo
conocen: cuando se cae víctima de las confesiones de un extraño que de pronto
le abre a uno su corazón. Y conste que no me refiero ahora al ligón de turno:
ese merece un artículo para él solito. Hablo de esas personas de cualquier sexo
y edad que aprovechan la falsa intimidad que se crea al estar codo con codo
durante horas, ya sea en un tren o en un avión, para desvelar a su compañero de
asiento secretos tan íntimos que jamás se atreverían a contar a sus más
allegados.
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